Existe una ley universal que, a pesar de no encontrarse escrita en lugar alguno, ha sido de vital importancia para nosotros desde hace, al menos, 7 millones de años. Lo fantástico de la misma radica en que puede extender sus efectos incluso dentro del caótico mundo de la colombofilia.
Y es que no existe energía comparable a la que se libera cuando varias mentes inquietas ponen manos a la obra en un proyecto que les ilusione. Nada importan los kilómetros que las separen, ni las pocas horas que deje libre el trabajo o la dedicación familiar. Y una vez puesta en marcha la maquinaria que media de la imaginación al hecho, sólo existe una cosa en este mundo capaz de detenerla.

volandoaltoEl lunes 18 de Marzo de 2013 amaneció como un día largo y gris en nuestro palomar. Cada paloma que conseguía regresar de la dura carrera del domingo anterior traía con ella un poco de alegría bajo las cansadas alas.
Fue uno de esos días en los que te preguntas qué diablos tiene de bueno este condenado deporte. A esas horas no imaginaba, ni por asomo, que antes de que finalizara tendría la respuesta.

Ya por la tarde, en el club, mientras desplegaba el tinglado que usamos para esto de hacer un poco más “fácil y llevadero” el lío de los concursos y reparaba en que seguramente el Gran Colisionador de Hadrones del CERN lleve menos cableado, llamó mi atención un pequeño envoltorio en papel de regalo, con mi nombre escrito, que se encontraba sobre una de las mesas.
Miré el paquete de reojo mientras seguía con el montaje eléctrico y no pude evitar que se dibujase en mi cara una sonrisa perruna al imaginar que tal vez mi cuñado Nando había tenido la imaginación de mandarme los documentos de su club envueltos en papel de regalo para chotearse de un servidor por tener que revisarlos.
¿Qué sería capaz yo de ingeniar para devolverle tan amable gesto por su parte?
Le daba vueltas a un buen plan, a uno de esos de cagarse por la pata abajo, mientras terminaba de desenvolver el paquete, dentro del cual para mi sorpresa no había documentación alguna, sino uno de los mejores regalos que me han hecho en mucho tiempo.
Supe entonces que Pepe Pereiro se había acordado de mi.
Protegidas con un pliegue de cartón, para que no se doblasen durante el transporte, tenía delante 2 pequeñas joyas impresas de la colombofilia.
2 pequeñas publicaciones de las que había oído hablar durante años, pero que no había tenido la suerte de conseguir.
Algo precioso, creado en su día con mucha pasión y cariño por un grupo de colombófilos de varios rincones de la península (Antonio Rodríguez Parra, Adriano Cadrecha, Pepe Pereiro y José Ortuño, entre otros) y llamado a rellenar parte de ese vacío que inunda a todo aquel colombófilo amante de la lectura.
Desgraciadamente para esa casta de amantes de las palomas que disfrutan de un buen libro o revista que hable de palomas mensajeras, un fatal accidente había truncado aquel proyecto justo antes de ver la luz. La pérdida de Antonio Rodríguez Parra dejaba a sus familiares y amigos sin uno de los puntales de sus vidas y a la colombofilia sin una de esas personas que hacen de la lectura un placer que espolea la mente a preguntarse y a imaginar.

Sostuve en  mis manos, casi con reverencia, la 1ª edición del primer y único ejemplar de “Volando alto” y me dije que era simplemente perfecto. Aquella ligera publicación en rústico, de hoja más alta que ancha, con una portada discreta sin demasiada pretensión, de esas que dicen a gritos que lo bueno está dentro y no defrauda.
Antes siquiera de abrir sus páginas se me disparaba la mente a cavilar que podría haber sido de todo esto si hubiera llegado a tener continuación. Es una de esas cosas que no llegaremos a saber nunca.
En lo próximos días, si nos hacemos con los permisos oportunos, me gustaría poder publicar poco a poco el contenido de aquel primer ejemplar repleto de temática variada.

ladespedida

Si la primera parte del regalo era perfecta, la segunda era sencillamente genial. Se trataba del relato corto titulado “La despedida” escrito por Antonio en 2001 (de este ya tenemos el permiso para publicarlo y lo haremos en breve). En formato de 15×15, tan breve como 10 páginas sin contar portada y contraportada con fotos de José Ortuño, “La despedida” sabe llegar a lo más profundo de la colombofilia, allí donde realmente se encuentra la explicación a lo que este deporte, casi siempre perro y por añadidura callejero, tiene de bueno. El amor por las palomas. El vínculo que nos ata a esos pequeños seres emplumados sin más pretensiones en esta vida que volver a casa cuando los soltamos desde la cara opuesta del mundo y que nos llenan de alegría tanto si regresan triunfantes a casa para ganar una carrera o si lo hacen a los 2 meses después de haber pasado todo un infierno para llegar de nuevo al palomar.

Vaya para aquella gente valiente, trabajadora incansable a sabiendas de lo arriesgado que es eso de ponerse a darle a la tecla para una afición tan especial como esta, todo nuestro reconocimiento y cariño, estén donde estén.

Carlos Padín Cores.

Comentarios  


Julio, lo que hacen su hijo y usted es, también, digno de mención.
El programa radiofónico "conociendo a la paloma mensajera" es algo que muchos querríamos tener en vivo y en directo en nuestros países. Y obviamente queremos tenerlos con nosotros en thepigeonsite.com
No me olvido de que tenemos esa pequeña entrevista pendiente. En cuanto el tiempo que me roban los concursos me de un respiro no duden que nos pondremos a hacerles preguntas como locos.

Un abrazo.
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Gracias Pepe.
Leyendo "La despedida", he llegado a pensar en lo mucho que me hubiese gustado poder conocer y tratar a Antonio. Es tan intensa la transmisión de sensaciones que consigue con el relato, que no puedes dejar de sentirte identificado en incontables situaciones cotidianas del palomar.
El amor a nuestras pequeñas palomas... uno pude estar muy enfadado por como ha ido una carrera, o el día a día, pero cuando llega al palomar y ve a una de sus campeonas recién llegada de "nomadear" por el mundo adelante, se le pasan todos los males.
La nuestra, la colombofilia, es sin duda la mejor de las drogas.

Un abrazo y gracias por tus palabras!!
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Hola Carlos yo que vengo luchando hace12 años con programas de radio para la difucion de la colombofilia se lo que abran sentido al poner esa revista en la calle para que ayude a los colombofilos en su pasion te felicito muy buen recuerdo
Julio Falabella
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A Antonio le llamaban "el maestro" sus compañeros de club. Fué algo más que un placer el conocerlo, el tratarlo y el haberlo tenido como amigo. Era un hombre capaz, jardinero atento y cuidadoso, de hacer brotar lo mejor de sus amigos. Igualmente me llena de auténtica satisfacción ver cómo Carlos Padín "vuela alto" impartiendo su magisterio. Y no sólo de arte colombófilo, sino sobre todo de entusiasmo vital, de pasión, ese punto de apoyo con el que podremos mover el mundo si sabemos usar la palanca de nuesto trabajo, de nuestra inteligencia y de nuestra capacidad para encontrar brazos a nuestro alrededor que nos ayuden en la tarea común. Esa es la mayor y mejor enseñanza. Os remito a sus escritos en esta web sobre la colombofilia en la escuela o el impagable "nuestras palomas son el mensaje". El destino es -y no otra cosa- el camino que con nuestros pasos fabricamos, que diría Machado, camino impagable el que Carlos va recorriendo. ¿No sabrá alguién la manera de clonar "carlospadines"?
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