Fue por un azar el que se volviesen a reavivar los rescoldos de mi memoria respecto a Antonio (Antonio Rodríguez Parra, Marbella). Hace menos de un mes, Carlos Padín me había telefoneado por alguna prosaica cuestión relacionada con el duro día a día de la gestión colombófila y yo aproveché para hacerle saber mi satisfacción por un artículo suyo en “The pigeon site”, el que se refería a una suelta de palomas en un acto de apoyo a la petición de indulto para alguien que había caído en la ciénaga de las drogas y se había rehabilitado ("Nuestras palomas son el mensaje"). Carlos tiene la habilidad de trascender la literalidad de su discurso rezumando apasionamiento por todos los renglones de su prosa (el mensaje es la pasión) y le dije lo mucho que me había gustado. Hablamos y reflexionó en voz alta, al otro lado del teléfono, sobre qué debería o no editarse en la web, ¿lo políticamente correcto? ¿lo que le dicta el corazón?... Yo recordé entonces el artículo “Palomas contra la droga” que Antonio había escrito para “Volando alto”, la revista que teníamos pensado editar hace ahora 10 años, y le dije que se la enviaría. De ahí el capítulo del pasado Jueves Santo en su web, firmado por él, y por eso estas letras, en contestación a un e-mail suyo pidiéndome que escribiese algo sobre aquella experiencia editorial.

El primer número de Volando alto, maquetado aquella primavera del 2003 y ya en la imprenta, no llegó a editarse porque Antonio, su Alma Mater, fue víctima, en un instante fatídico, de un accidente de tráfico que segó su vida. La revista no llegó a imprimirse y yo edité algunos ejemplares en facsímil de aquel primer número y se los hice llegar a Julia, su mujer, y a nuestros comunes amigos colombófilos con el añadido de un artículo en su memoria. En 2010, años más tarde, en una iniciativa llena de afecto de los amigos Félix Martín Vilches y Vicente Balbuena, el Club Colombófilo Arroyo de la Miel volvió a editar otros pocos ejemplares de la revista y los distribuyó entre sus socios, a modo de homenaje, en un acto, en palabras de Julia, entrañable.

Fue Vicente, precisamente, quien me había puesto en contacto con Antonio y en muy poco tiempo habíamos recorrido ya un largo trecho en nuestra amistad. Nos llamábamos para cuestiones colombófilas, para banalidades, pero siempre acabábamos hablando de nuestra vida, de literatura, de cine, de nuestros anhelos…

No recuerdo muy bien si fue en el año 2001 o en el 2002, un tórrido verano desde luego, consiguió, con su tenacidad e insistencia, que recorriésemos los casi 2500 Km de viaje a Marbella en nuestro viejo Ford Scort sin climatizador, venciendo las reticencias de mi mujer y de la suya ante ese encuentro “a ciegas”.

- No te preocupes, es gente sencilla y próxima, le dijo Antonio a Julia.
- Ya verás que buena gente, dije yo a Tere.

Aquella noche en la que llegamos cenamos tortilla y tomates de su huerta y sonreímos complacidos. Allí estábamos, felices y cómplices, como si nos conociésemos de toda la vida. Y Julia y Tere respiraron aliviadas.

pepeantonioyfamilia
Meses más tarde me llamó para proponerme la aventura de la revista, y esta vez no hizo falta que insistiese mucho. Antonio, que tenía varios libros de relatos cortos de su autoría en las librerías, poseía experiencia editorial y estaba dispuesto a financiar de forma altruista la tirada de los cuatro primeros números con una periodicidad trimestral. Más tarde ya decidiríamos sobre su futuro dependiendo de que la cosa cuajara a nivel de suscripciones. A esa tarea se sumó el incombustible Adriano Cadrecha, de Gijón, siempre tan bien dispuesto, gestionando la página de internacional y nuestra pretensión era abrir la revista a la colaboración de nuestros amigos colombófilos.

Estos tres últimos meses me parece estar viviendo una especie de déjà vu con la iniciativa  de Carlos y Débora de la Fuente y su experiencia con “The pigeon site”, y siento renovado en ellos el hálito que persiste en mí de aquellos días de “Volando alto”, días de ebullescencia creativa, constantes llamadas telefónicas e intercambio postal, de ilusión en grado sumo, casi 8 grados en la escala de Ritcher, epicentro en esta actividad nuestra tan querida…

Xosé Pereiro Francés.
1 de abril de 2013

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