Por otra parte, podemos observar que las grandes fibras blancas individuales presentan muy pocos vasos sanguíneos recorriendo su superficie y que su disponibilidad de oxígeno (para quemar combustible) es menor, debido a que su concentración de mioglobina es mucho más baja. A diferencia de las fibras rojas, estas grandes fibras blancas se contraen rápidamente. Como era de esperar, debido a esta respuesta rápida, también se agotan a mayor velocidad y, por esta razón, es importante comprender que no se puede confiar en ellas para un vuelo de larga distancia. Si no funcionan durante un esfuerzo muscular prolongado, ¿cuál es, entonces, su función principal? Dada su mayor velocidad de contracción y su precoz agotamiento, parecen ser más importantes y útiles durante aquellos esfuerzos musculares que requieren ráfagas de actividad muy rápidas e incluso explosivas. Por lo tanto, las fibras blancas son, casi con toda seguridad, las que funcionan de manera más efectiva durante el despegue del ave, o ayudando a que estas realicen quiebros aéreos en un abrir y cerrar de ojos cuando se encuentran con depredadores, líneas eléctricas u otros obstáculos. Cuando nuestros pichones alzan el vuelo y se entregan a un frenesí de actividad, recorriendo todo el cielo en un instante, este esfuerzo probablemente se lleve a cabo casi exclusivamente con fibras blancas.

 

Otra función importante de estas fibras es la producción de calor en climas fríos a través de un proceso también familiar para nosotros, los estremecimientos. Las puntas temblorosas de las alas en aquellas palomas en buena forma física son otro ejemplo de la función de las fibras blancas. Ambas situaciones son buenos ejemplos que ilustran la rapidez con que estas operan y lo que se entiende por fibras de contracción rápida.

 

Ahora bien, si pudiésemos hacer uso de un microscopio electrónico y aumentar miles de veces tanto las fibras rojas como las blancas, veríamos algunas diferencias aún más notables entre las dos. Al observar las fibras rojas, veremos que contienen muchas estructuras de forma oval, que pueden estar presentes en cadenas, como perlas en un collar, y que a menudo están separadas entre sí por lo que, a primera vista, parece ser un espacio vacío. Dichas estructuras ovales se conocen como mitocondrias que, para explicarlo sencillamente, se podrían comparar con una batería de hornos. Naturalmente, todos los hornos necesitan combustible y estos "hornos biológicos" no son una excepción. Cuando miramos de cerca, vemos que los "espacios" entre algunos de los supuestos "hornos" no son en absoluto espacios, sino que en realidad son gotas de una fuente de combustible abundante y obvia. Puede resultar una sorpresa para muchos colombófilos, pero ese combustible es, de hecho, nada más y nada menos que GRASA. Dada la creencia histórica (e incorrecta) de algunos colombófilos de que la proteína es el principal combustible para las carreras, el énfasis tradicional de muchos aficionados en el uso de altos porcentajes de leguminosas (guisantes, judías, etc.) como compuesto principal en las raciones de concurso a expensas de los cereales, este dato puede resultar aún más sorprendente. A medida que continuamos examinando la estructura de las fibras rojas, vemos que también contienen una cantidad considerable de gránulos que han sido identificados como glucógeno, un carbohidrato (o azúcar) complejo, compuesto de muchas subunidades más pequeñas de glucosa, en ocasiones también llamada dextrosa.

 

La importancia de las grasas como principal combustible para las carreras, o para cualquier vuelo prolongado, como el de las aves migratorias, no puede sobreestimarse. Por ejemplo, hay un pequeño pájaro cantor denominado “reinita estriada” (Setophaga striata), que anida cada año en el Yukón y Alaska.

 

Reinita estriada (Setophaga striata)

 

A medida que se acerca el otoño, estas pequeñas aves se desplazan diagonalmente hacia el sureste de Norteamérica, alimentándose y acumulando reservas de grasa a medida que migran, hasta alcanzar las provincias atlánticas de Canadá y los estados de Nueva Inglaterra en los EE. UU. Cuando sus depósitos de grasa están rebosantes, lo que implica que son mucho más pesadas, esperan a que una celda de alta presión se mueva desde el oeste y venga acompañada por vientos de componente norte o noroeste. Cuando las condiciones son óptimas, las aves alzan el vuelo y se adentran en el vasto océano Atlántico.

 

Ruta migratoria de la Reineta estriada.

 

Solo cuando alcanzan tierra, de tres a cinco días más tarde, al noreste de Sudamérica, vuelven a aterrizar, dejando tras de sí un increíble viaje sin paradas para un ave terrestre tan pequeña, cuyo peso alcanza apenas los 10 gramos. Sin grasa, este increíble viaje de más de 3,900 Km, sencillamente no podría tener lugar.

Como combustible de reserva para el vuelo, la grasa presenta muchas ventajas frente a los carbohidratos y las proteínas. Por ejemplo, una unidad de grasa libera tanta energía como cantidades equivalentes de carbohidratos y proteínas juntas. Un gramo proporciona alrededor de 9,300 calorías de energía, mientras que la misma cantidad de carbohidratos produce solo 4,200 y un gramo de proteína, únicamente 4,100. Aunque los carbohidratos son empleados por el ave para proporcionar energía a ciertas funciones del vuelo, como vimos anteriormente, todavía no hay evidencia real de que, en condiciones normales, la proteína se utilice como fuente de combustible para el trabajo muscular. Solo en condiciones extremas, como el agotamiento total de las reservas de grasas y carbohidratos, se esperaría que las palomas usasen proteína como combustible. ¿Qué otra evidencia necesitamos para concluir que la grasa es el principal combustible para las carreras? La investigación experimental sobre músculos de palomas mensajeras ha demostrado que después de tan solo 30 minutos de actividad muscular, la cantidad de grasa que circula en el torrente sanguíneo aumenta casi un 18% en comparación con la de las aves en reposo. Estos ensayos también demostraron que la cantidad de grasa en los principales músculos pectorales de las palomas entrenadas aumenta entre un 25 y un 40%, y en el hígado en casi un 30%. El broche de estas observaciones fue la constancia de que la cantidad de tejido adiposo en los depósitos de grasa corporal localizados bajo de la piel, en el abdomen, etc., en realidad disminuye casi un 25% durante este tiempo. Por lo tanto, se requiere combustible en forma de grasa durante el trabajo muscular, esta grasa se moviliza desde los distintos depósitos corporales y se transporta en el torrente sanguíneo al hígado y a los músculos activos. Por lo tanto, este proceso de movilización disminuye los suministros de grasa en las áreas de almacenamiento al tiempo que aumenta la grasa en el torrente sanguíneo y luego en el hígado y en el músculo que está desarrollando su labor.

 

Dentro de las fibras musculares rojas, la grasa movilizada se transporta al área inmediatamente próxima a la mitocondria, donde estará disponible para ser metabolizada (o quemada) para suministrar la energía necesaria de cara al vuelo. En los músculos pectorales, la presencia de una extensa red de diminutos vasos sanguíneos que rodean cada una de las fibras tiene propósitos obvios. Además de funcionar como red de abastecimiento de combustible, también aporta un abundante suministro de oxígeno, necesario en el proceso de quema de grasa en los músculos (conocido como metabolismo aeróbico, es decir, un proceso que requiere oxígeno), igual que sucede en la quema de aceite, madera, o gas natural en un horno doméstico. Asimismo, debido al aumento de temperatura derivado del trabajo muscular, esta red de vasos es necesaria para ayudar a disipar este calor generado, llevándolo a los pulmones, las vías respiratorias, etc., y eliminar el dióxido de carbono y otros productos de desecho generados durante el metabolismo. Uno de los subproductos beneficiosos derivados del metabolismo es el agua. La quema de una unidad de grasa produce nueve unidades de agua que, obviamente, son tremendamente beneficiosas para el ave durante un vuelo largo.

 

Si prestamos atención ahora a las fibras blancas, veremos que, por el contrario, presentan muy pocas mitocondrias y, en consecuencia, casi ninguna grasa. En ausencia de grasa como combustible de reserva, ¿qué combustible requieren las fibras blancas? Una inspección minuciosa muestra que el principal combustible para estas fibras es el glucógeno, que se ve bajo el microscopio electrónico en forma de numerosos gránulos oscuros, distribuidos a través de estas fibras. Recordemos que anteriormente mencionamos que el glucógeno se compone de muchas unidades de glucosa unidas. Debido a que se cree que las fibras blancas son necesarias para la ejecución de movimientos en fracciones de segundo, deben poseer un combustible fácilmente utilizable para proporcionar energía casi instantáneamente, y el glucógeno es la mejor opción. Dado que el metabolismo del glucógeno en glucosa por parte de las fibras blancas no requiere oxígeno, siendo por lo tanto metabolismo anaeróbico (sin presencia de oxígeno), no hay necesidad de una gran red de vasos sanguíneos alrededor de cada fibra para suministrar oxígeno, ni existe la necesidad de disponer de muchas mitocondrias, ya que no va a metabolizarse la grasa.

 

Todo esto está muy bien, diréis. Pero, ¿cómo podemos sintetizar esta información para que se traduzca en algo más comprensible y práctico? Basándonos en la información anterior y algunas investigaciones estrechamente relacionadas con los músculos pectorales de las palomas, podemos indicar la secuencia probable de los eventos que se desarrollan en estos músculos implicados en el vuelo prolongado tras la salida de una suelta, bien sea de entrenamiento o concurso. A su vez, estos hechos nos proporcionan pistas prácticas fundamentales de cara al desarrollo y formulación de raciones destinadas a la época de concursos. Repasemos estos eventos entonces.

 

Mientras las palomas esperan el momento de la suelta, observamos que las fibras blancas están cargadas con glucógeno y que las fibras rojas están bien abastecidas con glucógeno y abundantes reservas de gotículas de grasa, su principal combustible. Los depósitos de almacenamiento de grasa en diversas áreas del cuerpo tienen suficientes reservas para las largas horas de vuelo, pero la mayoría de las aves no presentan sobrepeso. Existe un buen equilibrio entre la cantidad de grasa corporal y la condición física de las palomas. El hígado también tiene reservas adecuadas de glucógeno y grasa que pueden movilizarse y transportarse en la sangre hasta los músculos que trabajan a medida que estos la necesitan. Las aves han estado bien preparadas para un recorrido de larga distancia. Aquellas que estén pasadas de peso ​​pueden estar en desventaja si se trata de una carrera normal, pero si es una carrera difícil, sus reservas adicionales de grasa pueden salvar el día. Todo está listo.

 

De repente, todas las cestas se abren simultáneamente, y en una explosión de sonido que refleja un tremendo estallido de esfuerzo muscular, las aves se lanzan al aire en un ángulo de ataque de aproximadamente 30º (aunque son capaces de volar casi verticalmente durante unos segundos) y a una velocidad máxima de elevación de aproximadamente 8 Km/h, las alas baten un promedio de 9,4 veces por segundo, mientras sus puntas crean un patrón en forma de 8 en relación al cuerpo, al abatirse en un ángulo de 142º. Para ilustrar el tremendo poder de los músculos pectorales, se sabe, por ejemplo, que uno de ellos por sí solo es capaz de ejercer una fuerza de aproximadamente 10 veces el peso del ave. También se sabe que el abatimiento del ala discurre aproximadamente durante un tercio de latido del corazón, y que la elevación necesita aproximadamente dos tercios de latido. El poder explosivo necesario para elevar un ave al aire requiere un esfuerzo masivo, lo que significa que toda la fuerza que los músculos pectorales son capaces de desarrollar debe ser ejercida en este preciso instante. El elevamiento es una acción rápida y explosiva, y aunque cabría esperar que aquí actuasen exclusivamente las fibras blancas, es importante recordar que constituyen solo el 6% de las fibras totales en los músculos pectorales, mientras que las fibras rojas conforman la vasta mayoría, alrededor del 94% del total de fibras presentes. Entonces, no parece lógico que solo el 6% de las fibras pueda ser responsable de la mayor parte de la tremenda cantidad de trabajo que implica una acción tan poderosa. Por lo tanto, parece muy probable que todas las fibras, tanto rojas como blancas, cooperen contrayéndose rápidamente, impulsando a las aves hacia arriba, lo que les permite ganar altura y alcanzar la velocidad de crucero.

 

Traducido por:

Carlos Padín Cores

 

Original publicado en:

https://www.pigeonracingpigeon.com

 

Autor:

Gordon A. Chalmers. (Doctor en medicina veterinaria) Lethbridge, Alberta, Canadá

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