Las palomas mensajeras son, por norma general, navegadoras muy eficientes, sin embargo, en raras ocasiones, las cosas van drásticamente mal. Así que, cuando Jon Hagstrum, del Servicio Geológico de EE.UU. (USGS) leyó en un periódico local acerca de dos carreras llevadas a cabo en 1998 en las cuales las palomas se habían perdido, se acordó de una conferencia a cargo de Bill Keeton que había oído años antes como estudiante en la Universidad de Cornell.

jonhagstrumgrupo

Keeton había estado estudiando cómo aquellas aves eran capaces de orientarse exitosamente desde puntos de liberación lejanos y desconocidos. Sin embargo, casi siempre tenían problemas para trazar un rumbo correcto hacia su casa cuando eran liberadas en 3 lugares concretos. De acuerdo con Keeton, las palomas soltadas desde Castor Hill y la ciudad de Weedsport tomaban constantemente un camino de regreso equivocado al seleccionar el rumbo. Mientras tanto, las aves liberadas desde Jersey Hill tendían a dirigirse en direcciones al azar, con una excepción: todas las aves liberadas en aquella colina el día 13 de agosto 1969 regresaron a casa con éxito, después de haber tomado el rumbo correcto. Explicando que Keeton había tenido ya en cuenta la posibilidad de una perturbación en el campo magnético local, Hagstrum recuerda, “Bill nos preguntó si los geólogos teníamos una idea de lo que podría estar pasando en estos sitios”.

Varios años después de la conferencia de Keeton, a Hagstrum se le ocurrió una posible solución al problema al leer que las palomas pueden oír "infrasonidos" de muy baja frecuencia. Conocedor de que los infrasonidos (que pueden ser generados por diminutas vibraciones de la superficie del planeta causadas a su vez por movimientos de agua en las profundidades de los océanos) son capaces de viajar a distancias de miles de Kilómetros, Hagstrum se preguntó si las palomas mensajeras serían capaces de percibir el estruendo distintivo de baja frecuencia proveniente de la zona en la que está ubicado su palomar, para encontrar su camino de regreso a casa. En ese caso, aquellas aves incapaces de captar la señal de infrasonido, debido a que de alguna manera el lugar de la suelta era ajeno a ella, no podrían trazar un rumbo correcto y se perderían. Hagstrum decidió investigar las condiciones meteorológicas presentes en los días de sueltas fallidos para averiguar si había algo en el aire que pudiese explicar la desorientación de las palomas (p. 687).

palomavolando

Afortunadamente, tenía acceso a una gran base de datos donde se reflejaban la temperatura exacta del aire y la dirección y velocidad del viento, tomadas en estaciones meteorológicas locales en los días de las sueltas, con la que poder reconstruir las condiciones atmosféricas exactas. Después de haber desarrollado con éxito un complejo programa de acústica - HARPA - contando con la ayuda del científico e informático del Servicio Geológico de EE. UU Larry Baker para reconstruir las condiciones atmosféricas, Hagstrum calculó cómo había viajado el infrasonido desde cada palomar a través de la atmósfera, rebotando en las diferentes capas de aire así como en el suelo, para averiguar si Jersey Hill se encontraba en una zona oculta al “faro” de infrasonido proveniente de cada palomar y la forma en la cual se habían canalizado las señales de esos palomares en las sueltas desde Castor Hill y Weedsport. Sorprendentemente, en cada uno de los días en que las palomas habían desaparecido al ser liberadas desde Jersey Hill, Hagstrum pudo comprobar que la señal de infrasonidos procedentes de los palomares había sido guiada lejos y a gran altura, por lo que las aves no podían percibirla. Sin embargo, el 13 de agosto de 1969, las condiciones atmosféricas fueron perfectas y esta vez la señal infrasónica alcanzó directamente Jersey Hill. Y al calcular las rutas por las que habían viajado los infrasonidos desde los palomares hasta Castor Hill y Weedsport, también encontró explicación a por qué las palomas mensajeras habían tomado el rumbo equivocado al liberarlas en ambos puntos. La orografía del lugar y los vientos, habían desviado las señales de infrasonidos, haciendo que llegasen al punto de suelta desde direcciones incorrectas, haciendo que las aves escogiesen rumbos erróneos a la hora de partir a casa.

Tras su explicación de que las palomas mensajeras deben usar las señales de infrasonidos procedentes de sus palomares para calcular el rumbo de regreso a casa de acuerdo con su brújula solar, Hagstrum dice: “Estoy un poco sorprendido de haber logrado responder la pregunta que nos había realizado Bill Keeton al departamento de geología de Cornell después de 36 años”, y agregó que está particularmente satisfecho de haber podido utilizar los datos recogidos por el propio Keeton para resolver el misterio.

Referencias:

  1. Hagstrum, J. T. (2013). Modelos de propagación atmosférica indican que las palomas mensajeras usan señales específicas de infrasonidos para crear mapas específicos de sus palomares. J. Exp. Biol. 216, 687-699.

Traducido por Carlos Padín Cores.

Autor:

Kathryn Knight - Publicado en The Journal of experimental Biology.

Deja un comentario

Tu email no se publicará. Los campos obligatorios están marcados con un *





Back to top