El misterio de cómo las palomas mensajeras son capaces de encontrar una ruta que las devuelva a casa puede haber sido resuelto. Una investigación reciente sugiere que las aves utilizan ondas de sonido de baja frecuencia para hacer un mapa mental de su ubicación.
Los resultados, publicados el miércoles 30 de Enero del 2013 en la revista Journal of Experimental Biology, podrían arrojar luz sobre por qué, en ocasiones, estas sorprendentes aves pueden llegar a perderse por completo: la propagación de las ondas de baja frecuencia presentes en el lugar donde son liberadas para una suelta no alcanzan su palomar.

Cuatro décadas de misterio.
En 1969, un profesor de biología de Cornell dio una charla a un grupo de geólogos sobre el misterio de las palomas mensajeras perdidas. Al liberar las palomas desde la mayoría de lugares, estas se dirigían directamente a casa con una precisión increíble. Pero al ser liberadas desde un lugar conocido como Jersey Hill, cada una arrancaba su ruta con una dirección diferente y muy pocas lograban regresar a casa. En otros dos lugares, las aves siempre seguían direcciones equivocadas, sucediendo exactamente lo mismo. En algunas ocasiones las palomas conseguían llegar a casa, sólo para perderse al día siguiente.
John Hagstrum, del Servicio Geológico de Estados Unidos, había estado presente en aquella charla y la incógnita lo había perseguido durante años. En la década de 1990, ya había realizado un descubrimiento fascinante en ese campo, observando sueltas desastrosas de palomas mensajeras en Europa en días claros y despejados, justo cuando el “Concorde”, el avión supersónico, se encontraba en la zona. Eso lo llevó a preguntarse si el estampido sónico del Concorde interrumpía de alguna manera la capacidad de orientación de las palomas al interferir con las ondas sonoras.

concorde

Investigaciones anteriores ya habían demostrado que las aves son capaces de escuchar perfectamente ondas de sonido de baja frecuencia de aproximadamente 0,1 Hercios, o una décima de ciclo por segundo. Estas ondas de infrasonido pueden originarse en el océano y crear pequeñas perturbaciones en la atmósfera. Hagstrum empezó a pensar que las aves podrían estar utilizando infrasonidos para orientarse.
“Si ese sonido se extiende a través de la topografía, entonces tal vez sea posible que las palomas mensajeras, en realidad, sean capaces de percibir una especie de visión, o de imágenes acústicas de la topografía que rodea a su palomar”, nos dijo Hagstrum.

Amplia base de datos.
Para poner a prueba la idea de que las palomas usan el infrasonido para crear un mapa acústico del lugar donde viven, utilizó un programa informático en el cual recreó la emanación de ondas de infrasonido provenientes de 200 ubicaciones que rodean la Universidad de Cornell, donde habían sido liberadas cerca de 45.000 palomas mensajeras durante un período de 14 años. A continuación, comparó los datos de localización de las ondas de sonido con información sobre si las palomas habían llegado o no a sus palomares.

Encontró que en los fatídicos días en que las palomas se perdían, las ondas de infrasonido de Jersey Hill no alcanzaban sus palomares en Cornell. Aún más interesante, en aquellos pocos días en los que las aves regresaban al palomar sin problemas desde Jersey Hill, las ondas de infrasonido conectaban ambas localidades. En aquellos otros dos puntos de suelta donde las palomas tomaban rumbos equivocados, demostró que las corrientes de viento habían canalizado las ondas de infrasonido en las mismas direcciones.

La explicación puede resolver otro de los misterios que rodean a las palomas mensajeras, por ejemplo, el por qué de sus vuelos en círculos antes de trazar un rumbo. “Puede que se deba a que, aunque las ondas sonoras sean largas, los canales auditivos de las aves son tan pequeños, que necesitan volar en círculos para reconstruir varias veces la onda y averiguar hacia dónde deben orientarse”, dijo el geólogo.

“Es una idea muy interesante y provocativa”, nos refería Charles Walcott, neurobiólogo de la Universidad de Cornell, ajeno al estudio de Hagstrum.
Si bien los resultados son muy convincentes, Walcott dijo a LiveScience que la prueba definitiva sería establecer si las aves liberadas desde nuevos emplazamientos, desde los cuales el infrasonido presente no llega a alcanzar su palomar, continúan perdiéndose como sucede en Jersey Hill.

Traducido por Carlos Padín Cores.

Autor:

Tia Ghose, publicado en Ciencia NBCNEWS.com

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